La genialidad de (Robert James) Fischer, nacido un 9 de marzo de 1943 en la ciudad de Chicago, tiene como punto de partida a un coeficiente intelectual de 184, cuando el promedio habitual está entre 100 y 110. El ajedrez atrapó el genio y se convirtió en una pasión irrefrenable que lo llevó a abandonar la escuela, pese a los ruegos de su madre y Joan, y dedicar el día entero a estudiar el juego. A los 7 años se unió al club de ajedrez de Brooklyn, donde su presidente, Carmine Nigro, se encargó personalmente de su formación. Esa obstinación y amor por el ajedrez lo llevó a convertirse a los 14 en campeón de los Estados Unidos y a los 15 en Gran Maestro, en el torneo interzonal de Potoroz (Yugoslavia). Ya nada detendría al estadounidense, un hombre generalmente malhumorado, con problemas de conducta y que sentía rechazo por la prensa, a punto tal que con 17 años aseguró que sería campeón mundial. En 1971 Fischer estuvo en Buenos Aires (visitó cinco veces nuestro país) jugando el match q...