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viernes, 18 de enero de 2008

No se puede decir que sea un hombre común

La genialidad de (Robert James) Fischer, nacido un 9 de marzo de 1943 en la ciudad de Chicago, tiene como punto de partida a un coeficiente intelectual de 184, cuando el promedio habitual está entre 100 y 110.
El ajedrez atrapó el genio y se convirtió en una pasión irrefrenable que lo llevó a abandonar la escuela, pese a los ruegos de su madre y Joan, y dedicar el día entero a estudiar el juego.
A los 7 años se unió al club de ajedrez de Brooklyn, donde su presidente, Carmine Nigro, se encargó personalmente de su formación.
Esa obstinación y amor por el ajedrez lo llevó a convertirse a los 14 en campeón de los Estados Unidos y a los 15 en Gran Maestro, en el torneo interzonal de Potoroz (Yugoslavia).
Ya nada detendría al estadounidense, un hombre generalmente malhumorado, con problemas de conducta y que sentía rechazo por la prensa, a punto tal que con 17 años aseguró que sería campeón mundial.
En 1971 Fischer estuvo en Buenos Aires (visitó cinco veces nuestro país) jugando el match que lo clasificó para enfrentar al soviético campeón Boris Spassky en la búsqueda del título mundial.
Fisher venció al armenio Tigran Petrossian, en la sala Martín Coronado del Teatro General San Martín, al sumar 6 puntos y medio en la novena partida.
Pero la gloria llegó para Fischer el 1 de setiembre de 1972 cuando luego de 21 partidas, se consagró campeón mundial superando a Spassky en Reykjavik.
Fischer lloró de alegría, había cumplido el sueño de ser monarca mundial y rompió la hegemonía soviética en el ajedrez, entre 1948 y 1972.
Ese fue el final de su carrera y su última partida oficial. En 1975 tuvo que defender el título frente al aspirante ruso Anatoly Karpov, pero sus exigencias fueron inaceptables para la FIDE y esta lo despojó del título por incomparecencia.
En 1992 Fisher jugó un encuentro de exhibición conmemorando los 20 años del match ante Spassky (nacionalizado francés) y el mismo se desarrolló en la antigua Yugoslavia, venciendo nuevamente a su rival.
Le costó caro ese viaje al genio, pese a que ganó tres millones de dólares. Estados Unidos había bloqueado Belgrado y su viaje a Yugoslavia fue considerado como una traición a su país y pasó a ser fugitivo del FBI y de la CIA.
No se supo nada más de él hasta 2004 cuando Fischer pretendía viajar a Filipinas desde Japón y fue detenido en aeropuerto de Narita por usar un pasaporte cancelado por el gobierno americano.
Los japoneses lo encarcelaron esperando el pedido de extradición de Estados Unidos, pero en diciembre de 2004 el gobierno islandés aceptó darle asilo político a Fischer y así evitar la extradición a Estados Unidos.
Fischer soportó las presiones del gobierno de su país y el 9 de marzo de 2005 recibió en la cárcel un pasaporte islandés como regalo por su 62 cumpleaños.
El parlamento islandés aprobó conceder la ciudadanía islandesa a Fischer y fue puesto en libertad por Japón y deportado a Islandia.
En noviembre pasado, con problemas físicos y síntomas paranoides, fue internado en un Hospital de Islandia, donde finalmente hoy falleció.

Fuente: Télam
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