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viernes, 3 de julio de 2009

Tesis de los idus de junio

Después que ha pasado el cimbronazo, y a uno se le va aclarando el marote es necesario masticar algunas cosas.

1. Tras la derrota electoral muchos compañeros hoy se replantean los errores del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner entre los cuales se vuelve una y otra vez la mirada sobre los que se cometieron con el conflicto agrogarca. Es una posición equivocada, sin que esto signifique que no se cometieron gravísimos yerros desde la escritura del decreto por el joven ministro Lousteau, hasta los problemas de comunicación del gobierno de los que hemos debatido hasta el cansancio. Equivocada, digo, porque el aumento de las retenciones, fuera para la caja o para iniciar planes de alto impacto social, implicaba un primer paso hacia la redistribución de la riqueza de aquellos sectores que durante los últimos años desde la devaluación y la traumática pero necesaria salida de la convertibilidad, habían ganado en forma espectacular, transformando incluso la base social de la FAA, que de pequeños y medianos propietarios y arrendatarios, se transformó en rentista y especuladora, uniendo estrechamente sus intereses a los de los pooles de siembra y los agroexportadores. Esta transformación no fue comprendida desde el punto de vista del cambio de la posición política y la conciencia de clase, sino en términos de ganancias extraordinarias que permitían dada su magnitud una imposición más gravosa, y lo que en términos de economía estricta no es más que un acto de justicia, pero que en las lides de la política termina en la capacidad o no del Estado de imponerse a esa “nueva” dirigencia emergente de los nuevos intereses de clase.

Los intereses agropecuarios, que por la particular fisonomía de la conformación del poder en nuestro país, mantienen una urdimbre de lazos y ataduras portentosas dado que los grandes holdings suelen incluir entre sus vastos dominios empresas agropecuarias, iniciaron el enfrentamiento con el gobierno nacional, y sacaron patente, que por haberla bastardeado bastante en muchas oportunidades no supimos reconocer con adecuada anticipación, de corporativismo, de fascismo.

2. Durante el gobierno de Néstor Kirchner si bien el proyecto popular se perfilaba y nos sorprendía con su “anormalidad”, las fuerzas de la derecha sólo podían albergarse en el reclamo de seguridad, puesto que las políticas neoliberales se habían marchado de la Casa de Gobierno en el mismo helicóptero con De La Rúa, desvencijadas y desacreditadas. Empezamos a creer que con medidas contundentes como la renovación de la Corte, el impulso de las causas de los juicios a los genocidas postergados 20 años y una gran difusión y promoción de las áreas de derechos humanos a nivel institucional, habíamos encontrado la manera de ponerlos a todos finalmente en un Parque Jurásico. Sin embargo, detrás de los Pando boys, el falso Ingeniero Blumberg y el por entonces presidente de Boca, el niño Mauritzio, la derecha encontraba esas “formas modernas” que a los clichés mediáticos les gusta disfrazar de novedad política, y porca miseria, en ese rincón oscuro empezó anidar el huevo de la serpiente, en el que nuevamente no supimos ver el surgimiento de formas larvadas de fascismo.

3. La “anormalidad” del kirchnerismo inició un camino interesantísimo de construcción política que es la transversalidad, convocando a todos los sectores de izquierda y progresistas que quisieran acompañar el proyecto que se iba esbozando, a grandes trazos, pero … qué flor de trazos, por cierto. El problema en ese punto es el eterno en el campo popular, que ha impedido que hasta ahora, e incluso tras esta derrota, entendamos que para que un proyecto popular tenga sustento debe contener a todos aquellos que quieren transformar el país para que los más humildes y los marginados del poder, la riqueza y los privilegios tengan un lugar digno en el que puedan desarrollar su vida. Pero el camino de la transversalidad, es un camino largo de mutuo entendimiento, que necesita años de estacionamiento para que madure en los cuadros políticos el núcleo duro de coincidencias que hagan que el proyecto político estratégico y táctico conforme a todos. Mientras el kirchnerismo avanzaba en un proyecto de integración latinoamericana con Lula y Chávez, teníamos sectores en el campo popular que estaban más preocupados por saber cuál iba a ser la etiqueta del producto, que en hacer el producto mismo. Izquierda y peronismo han tenido y tendrán una relación fecunda y contradictoria, que ha parido en nuestra historia las jornadas más gloriosas, más impactantes y las páginas del autismo más profundo e incomprensible.

Seguimos creyendo que tener una propuesta sobre recursos naturales y medios de transporte no significa tener un proyecto para gobernar un país, ni aún detrás de una cámara. Seguimos pensando que después del conflicto con los agrogarcas, no había otra alternativa que recostarse en el PJ, sabiendo que se corrían riesgos, siendo aún más riesgoso que quedara en manos de Duhalde derechamente sin disputa alguna. Sostenemos aún, pese a la derrota, que este gobierno no se derechizó, y que, muy por el contrario, pierde por no haber cedido a los intereses corporativos que se aúnan en la oposición, y que haberlo abandonado en esta circunstancia ha sido un grave error, que aún hoy es remediable, pero que no podemos seguir demorando en zanjar urgentemente. Es igualmente equivocado haber estado apostando a defenestrar a Heller, por mucho que a algunos sectores del peronismo no les guste no haber tenido un candidato puramente peronista en la Capital. Y podrán hacerse análisis mucho más sesudos sobre los componentes del voto, porque tenemos excelentes analistas, y no este el objetivo que pretendemos aquí, simplemente queremos expresar que si bien debemos realizar autocrítica sobre algunos puntos esenciales, no podemos dudar en mantener los principios que conformaron nuestra integración, nuestro vínculo y que en estos dos años que siguen nos comprometen doblemente, infinitamente, a defender el proyecto nacional y popular de los enemigos del pueblo, que pueden tener el rostro de gentilhombre del tatuado o del mercurizado jefe de gobierno porteño y su amiga guitarrista, pero son emergentes del fascismo y vienen por todo.

5 comentarios:

raf dijo...

Che, perros, me parece que es hora de abandonar el entrismo, intentar un camino transversal puro,sin perucas, de trabajosa construcción pero sólido.
El país lo va a agradecer.

raf dijo...

Perdón, confundí perros con mate, scusi signore.

Afrael dijo...

Raf para los proyectos populares se necesitan todos los que están dispuestos a luchar por el bienestar del pueblo.

Todos Gronchos dijo...

"emergentes del fascismo"???

Es como mucho, no?

Como definís fascismo, macho?

Afrael dijo...

Bueno, Groncho, sos un muy ejemplo de facismo enano, pero en fin ... dejándote de lado.
El facismo claramente se define por el corporativismo de los intereses que representa, en su pretensión de utilizar al estado como un instrumento para la satisfacción de los mismos.
No es otra cosa lo que la oposición ha representado durante la campaña.
Un adelanto de este facismo onanista fue el conflicto agrogarca, que puso sobre el tapete las pretensiones de un sector de la economía en contra del pueblo todo, a costa del hambre y el desabastecimiento, el aumento de los precios y la estabilidad de la economía nacional.
Hicieron todo lo posible para poner al gobierno contra las cuerdas, por imponer su voluntad.
La atroz manipulación de los medios de todo el conflicto y la reciente campaña, no hace más que mostrar una vez el carácter facista de las fuerzas que confrontamos.
Basta imaginar lo que harían en el gobierno, sencillamente no habría ningún espacio de crítica o libertad de expresión porque ellos son los dueños de la pantalla.
Los candidatos de los medios pusieron esta semana a un represor al frente de una fuerza de seguridad. En una muestra más de su ideología.
Y le han dado más lugar a la muerte de Jackson que al golpe de Honduras llevado adelante por la oligarquía hondureña y sus medios de comunicación.
Estas y otras muchas son las pruebas constantes de esa emergencia.
Creer que el facismo viene vestido de verde oliva es un anacronismo, los verdaderos facistas son los que encarnan el corporativismo, los que no se miden en sus palabras y sus gestos desestabilizadores, los que recurren a la injuria permanente al punto de dar asco, sólo en función de obtener la consecución de sus mezquinos intereses económicos, a costa del bienestar del pueblo de la Nación.

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